
Me despierto y empiezo a agobiarme por todo lo que tengo que hacer, especialmente lo que me saca de la rutina tranquilizadora. Esta semana me toca una reunión extra por la tarde en la Consejería y correcciones añadidas.
Por lo demás, ando recuperando fuerzas y ánimo para los exámenes, la cuarta tanda, y la primera presentación del libro de Rodrigo.
La dieta sigue genial, ya se me nota más estilizada y voy bien de ánimos y fuerzas. Además, mis goteras de ancianidad incipiente no me dan mucho la lata, aparte de algún virus ocasional propio de la estación, así que no me puedo quejar.
Sin embargo, siento que vivo momentos irrepetibles y debería degustarlos al máximo. En principio, porque me voy a jubilar y estoy en mis últimos meses laborales. Finalmente, porque publico un libro, cosa nada fácil y que es más que probable que no me vuelva a suceder.
Por eso reflexiono, procuro no angustiarme, y me propongo vivirlo todo con consciencia.