
Llevo mal el calor y este año está siendo no solo extremo, sino continuo. Escribo muy despacio, me sigue costando leer y cumplo con la labores domésticas imprescindibles con esfuerzo. Mi refugio, cuando ya no puedo más, es ver series en el salón con el aire acondicionado puesto.
Llegarán mejores tiempos.
Escribo en la buhardilla muy temprano, cuando las ventanas abiertas dejan pasar algún frescor. Y si hay que hacer compra, le doy un par de vueltas al pequeño centro comercial del barrio y así camino un poco. Últimamente es lo que me salva, porque hacerlo por las calles después de las diez es tarea peligrosa.
Por otro lado, apunto de nuevo que tengo demasiados libros esperando y pocas ganas de leer, no sé por qué. Me cansa, me aburre, me agobia. No lo entiendo, yo que he sido siempre lectora voraz y empedernida. Van pasando los meses y no recupero el ansia que antes me caracterizaba. Supongo que este bochorno veraniego no es el ambiente más indicado, pero ¿cuál sí lo es? Me apunté al Club de Lectura por esa razón y a duras penas he ido leyendo los títulos propuestos. Y no siempre hasta el final.