Después de cuatro días juntos a todas horas, me cuesta separarme de JC esta mañana. Son las siete. Me propongo coser, pero todavía está desapacible y me quedo en la cama, arropadita, un poco más. Ahora que puedo, que no tengo obligación de irme al trabajo.
Ayer estuvimos con R toda la mañana, paseando el centro, y hasta buscamos el libro de Rodrigo en la librería donde hice la presentación. Todavía les quedaba un ejemplar. Me resultaba raro y cuando R comentó que era curioso ir a comprar un libro con la autora al lado, yo me moría de vergüenza. Conté una anécdota parecida y tonta para evitar que siguiera la conversación por esos derroteros.
Qué poquito queda para la Navidad. Dos semanas escasas. Esta de cuatro días en la que estamos y la siguiente. Vuelve a ser extraña y muy ajena. A ver cómo se siente Ela y cómo solventamos la Nochebuena con una ausencia más. Mira que J iba a su aire, que se aislaba y a menudo ni se le veía, pero la casa ahora se ha vuelto enorme y solitaria para ella.