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«Tras el alivio, firmeza» Enrique del Teso

Solo ganó Sánchez. Los demás perdieron. Unidas Podemos tuvo el consuelo de que lo que lo perdió lo había perdido hace tiempo. Ahora no perdió más y quizás ganó algo. Vox tendrá que esperar para oler el pánico progre por las mañanas y tendrá que conformarse con seguir oliendo su propia mugre. Y a Rivera parece que no se le bajó el colocón de café del último debate y sigue espídico dando saltos porque quedó el tercero. C’s planteó una estrategia muy arriesgada. Lo jugó todo a ser oposición al PSOE. Se dejó en el camino ciertas credenciales internacionales. En Europa no pasó inadvertido el entendimiento de C’s con la ultraderecha.  (…) Está claro. La cuestión es que dejándose ver con la ultraderecha para ser el líder de la oposición a Sánchez quedó el tercero, con el mayor desplome imaginable del PP. Meridiano: ganó Sánchez y perdieron los demás.

Pero decía que hubo alivio y no ilusión. La derecha, toda ella, se había diluido en la plaza de Colón en un mejunje cuya coloración no deja lugar a dudas. Cuando solo se razona con el nombre de la nación y su bandera, no se razona. Y más si es España. Salvo en el fútbol, no se pronuncia el nombre de España ni se agita su bandera más que con odio. Y siempre contra otros españoles. Y esa fue toda la oferta de las tres derechas. Claro que había miedo. Claro que hubo alivio. Solo había dos posibilidades y una era siniestra.

Pero no es el tipo de miedo que ponía cachondo a Iván Espinosa de los Monteros. Hay un tipo de temor que nace del compromiso y la determinación. Y eso es lo que toca ahora: determinación. El PSOE no puede creer que llegó al poder por su propia tracción y se mantendrá en él por su propia inercia, como si estos fueran otros tiempos. Los bancos, el Íbex, los guardianes internacionales del neoliberalismo rapaz y los veteranos gagás del PSOE dirán que la socialdemocracia es extremista y que de ahí a la izquierda es todo Venezuela; los primeros porque solo miran sus desvergonzadas ganancias y los gagás del PSOE porque están gagá. Percibimos como extremista una actitud cuando crea crispación. Y siempre crispa más enfrentarse a intereses poderosos que humildes. El roce con la oligarquía hace más ruido que con los comunes y los mismos que arman el ruido llaman extremistas a quienes provocan que ellos hagan ruido. Pero es momento de firmeza y no dejar que la política española siga aumentando sus tragaderas. Pedro Sánchez tiene tres frentes en que la moderación exigirá determinación porque hará ruido: justicia social, memoria histórica y Cataluña. Y esos frentes son también de UP. UP no es lo que pudo ser Podemos. Es más de lo que fue IU. No es ni mucho ni nada. Y tienen una responsabilidad en estos tres frentes que haría imperdonable otro Tramabús o más Vistalegre II.

La justicia social exige más igualdad y exige servicios públicos (enseñanza, sanidad, pensiones) que sean públicos y no lucro privado. Exige que no se bajen los impuestos a las grandes empresas mientras suben sus beneficios. Exige que se denuncien en Europa los paraísos fiscales y se presione para que los estados armonicen las políticas fiscales que exige el estado del bienestar, no las que exige su desmantelamiento. En Europa miran lo que cuesta nuestra sanidad, pero nunca lo que pagamos a la Iglesia. Nos piden que cerremos aulas, pero nunca nos dijeron nada de las mamandurrias de Aguirre y las fugas fiscales. Alertan de la caída de los salarios, pero quieren «profundizar» en la reforma laboral que los provoca.

En España hubo tres focos de sangre, de distinto tamaño y formato, que tienen presencia en nuestro momento político: Franco (no la guerra; Franco), ETA y la violencia machista. Ningún asesino merece un monumento. Ni el activista tarado, ni el machito ofendido, ni el Jefe del Estado fanático. Todos los gobiernos de España hacen sus deberes con las víctimas de ETA. Pero las derechas siguen bostezando por los asesinados por Franco o riéndose de ellos. Las tres derechas. Y siguen teniendo pulgas para reconocer la violencia machista que mata más de lo que mataba ETA. Las tres derechas. Son crímenes, muchos crímenes. Ni un día más. Aunque Abascal se sienta hemipléjico y Alfonso Guerra aúlle.

Rivera necesita guerra en Cataluña. Ahí tiene su nutriente. Los descerebrados que deambulan por allí (¿hay algo comparable a Torra y ese parlamento cerrado? ¿Por qué no le ponen cascabeles?) le hicieron pensar un día que ganaría las elecciones. El resto de la derecha también va a Cataluña a hacer de Isabel II. Pero España no estuvo allí. Votó a unionistas y separatistas dialogantes. Y ahí debe estar el futuro Gobierno. Y debe hablar de educación y pensiones con Esquerra, estaría bueno.

Pedro Sánchez y Unidas Podemos tienen que parecer un poco más extremistas a la Troika, a Vox, a la Iglesia y a Alfonso Guerra. Pudimos perder mucho en abril. Toca apretar los dientes.

La voz de Asturias