Publicado en reflexiones

Menos mal que es finde

Tras tantas emociones, qué bien se está en casita. Voy poniéndome al día de todas las tareas pospuestas, lo mismo de escritura (menos mal que tengo mucho avanzado), como de pequeñas obligaciones domésticas.

Hasta hoy hemos hecho solo lo imprescindible, metódicamente, resolviendo cada cosa por turno riguroso. Y eso deja un poso de incomodidad a los que, como JC y yo, tendemos a perfeccionistas. Pero, en fin, intentamos asumirlo como una lección vital más y si algo sale menos redondo que otras veces, tampoco es para montar un melodrama.

Porque, como me digo a mí misma a menudo, después de lo que hemos pasado esto no es nada.

Sin embargo, cualquier cosa que se sale de lo cotidiano nos afecta.

Creo que tenemos poca capacidad de recuperación. Enseguida nos alcanzan el estrés o el cansancio. Es la secuela que nos ha quedado. Somos conscientes. Por eso necesitamos estas pausas en el camino.