
Por fin viernes. Dos días y medio de descanso por delante. Bien, los necesito.
Con la primera evaluación acabada, quedan tres semanas de clase para las navidades. Van a ser duras, los alumnos no querrán seguir trabajando y no quedará más remedio que bajar el ritmo. Lo de siempre que, en mi caso es por última vez. De nuevo me hallo en modo despedida, y me resulta raro. Agradable, sí, pero también inquietante.
En cuanto a mi libro, ya tengo una propuesta de portada y de solapas. Es realmente bonita. También reivindicativa.
Me noquea de pronto una sensación de irrealidad. Me emociono y me tiemblan las piernas, pero también me hace una enorme ilusión.
La vida sigue sin él, sin embargo he conseguido la pequeña victoria de ese libro en su recuerdo y memoria. Casi quince años después.