Publicado en reflexiones

Hoy

No he parado en doce horas. Por no tener, ni siquiera pude disfrutar del recreo. He hecho todas estas cosas seguidas: cuatro clases, tomar un bocado rápido, corregir como una máquina, varias sesiones de evaluación, cita con un aluminista, comer una ensalada y preparar una lasaña para mañana.

Por fin, a las ocho y media de la noche, me he sentado a escribir esto y a ver un concurso divertido de la tele. Y luego me pregunto por qué no cede el estrés. Uffffff.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.