
Me despierto con un cierto ronroneo de ansiedad. Me voy al trabajo y veré si es llevadero y no crece.
Me resulta curioso comprobar cómo una parte de mí, racional y controladora, dirige los asuntos emocionales. Es parecido a lo que ocurre en la película Del revés. Ese yo puede argumentar que no hay razones objetivas para tanto nivel de estrés. Y a veces eso solo sirve para que baje de intensidad. Pero en ocasiones el estrés, o la intuición se imponen. Y la lógica no sirve. No se trata de que cada emoción tome al asalto el panel de control, como en la peli, es más sutil y delicado. Pero se le parece.