Corrijo unos grupos, elaboro pruebas para otros, me escapo una hora para hacerme una analítica, regreso muerta de hambre y doy más clases, y vuelvo a corregir un poco entre medias, y en casa me altera tener que seguir trabajando.
Así es mi oficio. Lo ejerzo con eficacia y profesionalidad, pero me cansa ya y me encanta hacer la cuenta atrás. Ya no voy a tener ni septiembre, ni puente del Pilar, ni evaluación cero con alumnos. Estupendo.