Ayer di mis clases muy apretadas, para adelantar lo máximo, resolví asuntos pendientes del insti, redacté y entregué tareas para los días que he pedido de permiso, fui a la compra y llené el frigo de comidas, escribí e-mails varios, me tomé un bocado rápido y me fui al hospital.
Ela había sido operada a primera hora y la habían llevado a su habitación sobre las 14:00. Yo quería hacerle el relevo a JC que estaba en pie desde las 5:00, que se echara una siesta y desconectase de ese ambiente agotador.
Iba un poco alterada y me perdí, con lo que llegué un poco más tarde de lo previsto. Pero, bueno, ya tendría tiempo para serenarme, iba a estar sin moverme toda la tarde.
Y sí. El concepto de espacio-tiempo es otro en cuanto un centro sanitario te engulle. Ela estaba en su cama, con suero, calmantes, oxígeno, drenajes que le dolían y la voz entrecortada y algo balbuceante. Habitación 3002.
Me extrañaba verla tan postrada. Le costaba mantenerse inmóvil, pero qué remedio, moverse dolía. Le pusieron otro calmante. Bebió una infusión. Le hicieron una cura. Llegaron JM y R, luego nuestro G. e incluso la cena. Comió bien y con ganas. Y con esa tediosa tranquilidad de la espera y el acompañamiento que cansa más el ánimo que el cuerpo, estuvimos hasta la hora de dormir.
JC tenía pensado quedarse la noche, se había ido a casa un rato para una siesta. Pero la tía E. se dejó caer sobre las 20:30, animosa, charlatana y divertida. Y se presentó voluntaria para hacer esa primera guardia nocturna. Quién mejor que ella, en calidad no solo de hermana, sino de enfermera.
Y se lo agradecimos un montón. Mañana volveremos.